Historia Económica Argentina · Clase 07
Universidad Nacional de Córdoba
Idea clave
Los años veinte son el momento en que la convergencia con los países ricos empieza a volverse divergencia —y también el momento en que nace la industria moderna argentina—.
Hipólito Yrigoyen 1916–1922 Primer gobierno popular. Estado mediador. YPF.
Marcelo T. Alvear 1922–1928 Ala antipersonalista. Moderación y reforma arancelaria (1923).
Hipólito Yrigoyen 1928–1930 Segundo mandato. Crisis. Golpe del 6 de septiembre.
Los tres comparten la base del sufragio ampliado (Ley Sáenz Peña) pero difieren en estilo y política económica.
Si la economía se monetiza, se industrializa y hasta vuelve al patrón oro, ¿por qué Argentina empieza igualmente a quedarse atrás? ¿Qué hicieron —y qué no hicieron— los radicales con la economía? ¿Y hasta qué punto la respuesta está en Buenos Aires… o en Londres y Nueva York?
La tesis de Gerchunoff y Llach
La prosperidad de los años veinte fue en parte una ilusión: dependía de un orden internacional reconstruido a medias, sostenido por deuda y hegemonías en transición. Entender el período exige mirar tanto la política económica doméstica como la estabilidad perdida del sistema mundial.
La UCR no era un partido de clase
Su base era heterogénea: empleados públicos, comerciantes, arrendatarios chacareros, inmigrantes naturalizados. Eso explica tanto su amplitud electoral como su ambigüedad programática.
El límite de la reforma
Yrigoyen medió en los conflictos urbanos pero no pudo —o no quiso— reformar la estructura agraria. La elite terrateniente siguió intacta. El modelo agroexportador, también.
El petróleo como emblema
El debate sobre el petróleo dividió a la sociedad argentina: para los radicales, era un recurso estratégico que no podía quedar en manos extranjeras. Para los liberales, era una fuente de inversión que el Estado no sabía administrar.
El viraje del capital externo
Bajo Alvear, el perfil del capital extranjero comenzó a cambiar: Gran Bretaña seguía siendo el principal inversor acumulado (ferrocarriles, bancos, frigoríficos), pero el capital estadounidense llegaba ahora más fuerte, principalmente en el sector industrial. Para Gerchunoff y Llach, este viraje no era neutro: los intereses británicos y estadounidenses apuntaban a modelos distintos —y esa tensión se haría visible en los años treinta—.
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2.
La protección accidental de Alvear
Muchas empresas extranjeras —especialmente estadounidenses— prefirieron instalarse localmente a pagar el nuevo arancel. La reforma arancelaria de 1923 creó las condiciones del boom industrial de 1924–1930.
Villanueva (1972).
El fin de la democracia radical
El golpe de 1930 no fue solo el fin del segundo gobierno de Yrigoyen: fue el inicio de seis décadas de inestabilidad político-institucional. Ningún presidente elegido democráticamente terminaría su mandato hasta 1983.
La oportunidad no aprovechada
Con una democracia política recién conquistada y un Estado en expansión, los radicales podían haber reformado el acceso a la tierra o diversificado deliberadamente la estructura productiva. No lo hicieron —y ese legado pesó cuando llegaron los años de crisis—.
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2.
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2; Gómez (2018).
“Un mundo en busca de la estabilidad perdida.”
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2.
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2.
La ilusión
La prosperidad de los años veinte no fue falsa en sí misma: la economía creció, la industria se expandió, el tipo de cambio se estabilizó. Pero sus bases eran prestadas —literalmente—.
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2.
Este período definió una transición crítica en la historia económica argentina. Casi todos los historiadores coinciden en que es aquí donde se opera un cambio de régimen: el movimiento gradual desde la convergencia y prosperidad relativa hacia la divergencia y el atraso relativo. Algunos definen a 1929 como el punto de quiebre decisivo.
Gómez (2018).
Table 7.1. Finance and Development, 1900–1939.
Della Paolera y Taylor, en Gómez (2018). El PBI per cápita (1913=100) sube a 109 en 1925–29 y cae a 99 en 1930–34.
Producto bruto interno total y manufacturero, 1900–1945 (escala semilogarítmica).
Villanueva (1972), Gráfico 1. Crecimiento continuo sin ruptura en 1930: la manufactura de 1913 (3.050 M) llega a 6.244 M en 1929 y 11.823 M en 1946.
La ‘versión olímpica’
“A los latinoamericanos, con frecuencia, nos parece que nuestra historia de uso corriente en los círculos internacionales hubiera sido escrita desde el Olimpo; tal es el grado de bruma en los detalles y tal la aplicación forzada de esquemas teóricos preconcebidos.”
Villanueva y Gerchunoff-Llach: coincidencia y matiz
Gerchunoff y Llach coinciden con Villanueva en el diagnóstico sobre el origen de la industrialización: el crecimiento industrial fue real y anterior a 1930. Pero añaden una dimensión: ese proceso, verdadero y verificable, no alcanzó para sostener la convergencia relativa con los países ricos. El fenómeno industrial fue genuino; su suficiencia, discutida.
Villanueva (1972); Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2.
“La industria ‘moderna’ se inicia realmente en la década del veinte —especialmente en los últimos años de dicha década—, período en el que se observa un elevado nivel de inversión industrial y de importación de equipos para el mismo sector y la entrada de numerosas empresas extranjeras.”
Villanueva (1972).
Inversión bruta fija: total, industrial y maquinaria y equipos, 1900–1945.
Villanueva (1972), Gráfico 3. El período 1924–1930 tiene el mayor promedio histórico de importación de maquinaria. La Depresión lo interrumpe; el nivel post-1935 queda por debajo.
Principales empresas industriales extranjeras instaladas en Argentina, por sector y período de instalación.
Villanueva (1972), Cuadro 6. En 1921–1930 entraron 43 grandes empresas (vs. 13 en 1900–1920). Sectores principales: química, eléctrica, metales.
Patentes extranjeras registradas en Argentina, por década, 1900–1945.
Villanueva (1972), Cuadro 7. En los años veinte: 8.731 patentes —el 10,5× de la década anterior y el 2,1× de la siguiente—. Indicador de transferencia tecnológica masiva.
| Período | Consumo promedio anual (millones de kWh) |
|---|---|
| 1910–1919 | 38,5 |
| 1921–1925 | 114,2 |
| 1927–1930 | 356,6 |
| 1931–1935 | 612,0 |
| 1936–1939 | 942,5 |
Villanueva (1972), Cuadro 5. El consumo se triplicó dos veces antes de 1930. La aceleración no nació con la Depresión.
Participación de agricultura y manufactura en el PBN, 1900–1949 (%).
Villanueva (1972), Gráfico 2. Manufactura: 14,0% (1900–04) → 18,4% (1925–29) → 19,3% (1930–34) → 24,5% (1945–49). No hay inflexión en 1930: la tendencia es lineal.
La paradoja financiera
Más depósitos no significaron más crédito a la inversión —la mejor medida del desarrollo financiero—.
Idea clave
Un mayor desarrollo financiero podía sumar hasta 0,5% de crecimiento anual. Argentina quedó muy lejos: la restricción de capital se volvió retraso económico.
| Indicador | BNA (1920–27) | Banco de Inglaterra | Bancos EE.UU. |
|---|---|---|---|
| Reservas/Depósitos | 28% | 17% | 21% |
| Capital/Activos | 9% | 10% | 6% |
| Indicador | Sistema arg. (1920–27) | Sistema UK | Sistema EE.UU. |
|---|---|---|---|
| Reservas/Depósitos | 29% | — | — |
Gómez (2018), Cuadros 7 y 9. El BNA era más líquido que sus pares anglosajones, pero la solvencia (capital/activos) se iba deteriorando por la presión del Estado.
Un patrón oro de cambio, no el clásico
El sistema restaurado era un gold exchange standard: los países sostenían reservas en libras y dólares, no solo en oro. Eso introducía un factor adicional de fragilidad: si la confianza en esas monedas caía, el sistema podía derrumbarse en cascada.
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2; Gómez (2018).
Argentina vs. Gran Bretaña
Argentina volvió al oro en 1927 a 2,27 $/£: aproximadamente la paridad de 1902, lo que implicaba una depreciación real moderada respecto al pico de preguerra. Menos distorsionante que la vuelta británica, pero igual de atada a un sistema frágil.
Gerchunoff y Llach (2007), cap. 2.
Gráfico IV.4. Dispersión base monetaria–reservas, ene-1919 a jul-1927.
Gómez (2018). Muchos puntos sobre el eje ΔBM = 0: la base no responde a las reservas.
Gráfico IV.6. Dispersión base monetaria–reservas, ago-1927 a nov-1929.
Gómez (2018). Ahora los puntos se alinean: la base sigue a las reservas casi uno a uno.
Gráfico IV.10. Ingresos y gastos totales de la APN (% del PBI), 1919–28.
Gómez (2018). El gasto se despega de los ingresos —el pico de 1927 marca la brecha—.
El Estado encontró tres vías para acceder al crédito del BNA más allá del límite legal del 20%:
Gómez (2018), Gráfico 8.
Evolución de los redescuentos del BNA, 1914–1928.
Gómez (2018), Gráfico 7. Niveles bajos hasta 1920; crecimiento acelerado 1921–1927 (pico: ~145 millones de pesos). Caída post-1927 coincide con el retorno al oro.
El costo oculto
Financiar al Estado le impidió al BNA sostener su sólida posición de reservas —y lo dejó más expuesto cuando llegara el shock de 1929—.
Gráfico IV.13. Razón reservas/depósitos del BNA: observada y contrafactuales, 1919–28.
Gómez (2018). Sin financiar al Estado (contraf. 2), el ratio habría sido ~30 puntos mayor; sin redescontar a otros bancos (contraf. 1), apenas 6.
| Indicador | BNA observado | BNA sin Estado (contrafact.) | Banco de Inglaterra | Bancos EE.UU. |
|---|---|---|---|---|
| Capital/Activos | 10,2% | 13,0% | 10% | 6% |
| Reservas/Depósitos | 28% | ~38% | 17% | 21% |
Gómez (2018), Cuadros 9 y 10. El contrafactual eleva al BNA 3 puntos porcentuales en capital/activos (significativo al 5%). Sin la presión estatal, el BNA era la entidad más sólida del cuadro comparado.
Obligatoria
Complementaria
La bibliografía completa por unidad está en el programa de la asignatura.