U5. La Revolución Argentina y el plan Krieger Vasena

Historia Económica Argentina · Clase 22

Sebastian Freille

Universidad Nacional de Córdoba

Apertura y hoja de ruta

Dónde quedamos

  • Con Illia, la economía había recuperado producción y empleo; las exportaciones dieron más aire a la expansión.
  • La inflación seguía presente, pero el golpe de junio de 1966 no fue el desenlace de una crisis económica como la de 1962–63.
  • Onganía prometió resolver el desarrollo y la inflación suspendiendo la competencia política. Krieger Vasena sería el encargado del programa económico.

Idea clave

El plan de 1967 logró desinflación con crecimiento. Su continuidad exigía sostener una estructura de precios e ingresos que el propio crecimiento, los conflictos distributivos y el ciclo ganadero fueron modificando.

Gerchunoff y Llach (2007), cap. 7, pp. 301–303 y 325–329; De Pablo (1975), pp. 73–81.

La pregunta de hoy

¿Cómo pudo bajar la inflación mientras crecían la producción y la cantidad de dinero? ¿Quiénes ganaron y quiénes perdieron con la estabilización? ¿Por qué esos resultados no aseguraron la continuidad del plan ni del gobierno?

Tres problemas distintos

Estabilizar precios, sostener el crecimiento y construir apoyo político no son la misma tarea. El episodio permite estudiar sus conexiones y sus tensiones.

Mapa de la clase

  1. Bloque 1 — Onganía y el proyecto autoritario: el golpe, los tres tiempos y la llegada de Krieger Vasena.
  2. Bloque 2 — El plan de marzo de 1967: devaluación compensada, política de ingresos, dinero y cuentas públicas.
  3. Bloque 3 — Resultados y distribución: inflación, crecimiento, salarios y precios relativos.
  4. Bloque 4 — Los límites del programa: Cordobazo, ciclo ganadero, costo del crédito y salida hacia 1973.

Bloque 1. Onganía y el proyecto autoritario

[1.1] Un golpe con ambiciones de permanencia

  • La Revolución Argentina comenzó en junio de 1966 con el derrocamiento de Illia y el ascenso de Juan Carlos Onganía.
  • El proyecto pretendía transformar la economía y la sociedad antes de devolver el poder a los civiles. No ofrecía un calendario electoral.
  • La suspensión de la actividad partidaria y la concentración del poder buscaban aislar las decisiones del gobierno de las demandas políticas y sectoriales.

La promesa del régimen

El desarrollo económico debía crear las condiciones de una futura estabilidad institucional. La cuestión era quién decidía cuánto esperar y cómo repartir sus costos.

Gerchunoff y Llach (2007), cap. 7, pp. 301–303.

[1.2] Los tres tiempos de Onganía

Etapa prometida Objetivo Supuesto del proyecto
Tiempo económico Modernizar, invertir, ganar eficiencia Posponer demandas facilitaría la acumulación
Tiempo social Extender los beneficios del crecimiento La distribución podría esperar al éxito productivo
Tiempo político Construir un orden institucional estable La legitimidad llegaría después del desarrollo

El problema de la secuencia

Los conflictos por salarios, empleo y representación ocurrían durante el tiempo económico. No podían ponerse en pausa por decreto.

Gerchunoff y Llach (2007), cap. 7, pp. 302–304; interpretación de la secuencia para la clase.

[1.3] Autoridad no era lo mismo que consenso

  • El golpe encontró expectativas favorables en sectores que identificaban al gobierno de Illia con lentitud e ineficiencia; parte de la dirigencia sindical también recibió al nuevo gobierno con expectativa.
  • La Noche de los Bastones Largos, en 1966, mostró el carácter represivo de la intervención universitaria. Se sumaron censura y controles sobre la vida cultural.
  • La ausencia de competencia electoral reducía los canales institucionales para tramitar desacuerdos. La quietud de 1967–68 no significaba ausencia de oposición.

Gerchunoff y Llach (2007), cap. 7, pp. 301–304.

[1.4] De Salimei a Krieger Vasena

  • Néstor Salimei condujo la economía durante los primeros meses: intervención de ingenios azucareros y conflictos por la racionalización portuaria.
  • En el BCRA, Felipe Tami proponía una estrategia gradual: pacto entre empresarios y trabajadores, reducción del déficit y ajustes cambiarios periódicos.
  • Entre fines de 1966 y comienzos de 1967 cambió el equipo. Adalbert Krieger Vasena asumió con la intención de lanzar una estabilización más drástica.

Un gobierno, distintas orientaciones

El acuerdo sobre modernizar no resolvía las diferencias entre nacionalistas, desarrollistas y liberales acerca de cómo hacerlo.

Gerchunoff y Llach (2007), cap. 7, pp. 325–326.

[1.5] El punto de partida importaba

  • En 1966 se había frenado el crecimiento tras la fuerte expansión de 1964–65. La inflación seguía cerca del 30 % anual.
  • De Pablo señala reservas brutas equivalentes a tres o cuatro meses de importaciones, pero reservas netas negativas a comienzos de 1967.
  • La economía disponía de la capacidad productiva ampliada en los años anteriores; también persistía una fuerte dependencia de insumos y equipos importados.

Ni crisis terminal ni hoja en blanco

El programa debía estabilizar una economía que venía de crecer y se había desacelerado, con poco margen externo. No bastaba con recuperar el producto perdido en una gran recesión.

De Pablo (1975), pp. 60 y 62–63; Gerchunoff y Llach (2007), cap. 7, pp. 320–321.

Bloque 2. El plan de marzo de 1967

[2.1] Qué diagnóstico revelaban las medidas

  • La estrategia actuaba sobre costos y expectativas: dólar, salarios y precios industriales debían dejar de reajustarse en una espiral.
  • El 13 de marzo de 1967 se anunció el Plan de Estabilización y Desarrollo: un cambio inicial de precios seguido por compromisos de estabilidad.
  • La baja del déficit y la apertura cambiaria acompañaban esa estrategia; la contracción general de la demanda no fue su mecanismo central.

Más que una etiqueta

De Pablo lo caracteriza como heterodoxo por sus instrumentos. El perfil liberal del ministro no convierte automáticamente al programa en una estabilización monetarista.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 326–327; De Pablo (1975), pp. 67–70.

[2.2] Las piezas del programa

Instrumento Medida Mecanismo buscado
Cambio Salto a 350 pesos m/n por dólar y paridad fija Alterar expectativas de devaluación
Comercio Retenciones y reducción de aranceles Amortiguar el traslado de la devaluación
Salarios Ajuste inicial y suspensión de paritarias Frenar la propagación por costos salariales
Precios Acuerdo con grandes empresas Coordinar decisiones de remarcación
Fisco Tarifas, impuestos y retenciones Mejorar ingresos y reducir desequilibrios
Dinero y crédito Acompañar la demanda de pesos y ampliar crédito Sostener la actividad durante la desinflación

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 326–328; De Pablo (1975), pp. 63–70.

[2.3] La promesa de la última devaluación

  • El dólar quedó en 350 pesos moneda nacional. Gerchunoff y Llach resumen el salto como 40 %; De Pablo precisa 255 → 350, alrededor de 37 %, para operaciones financieras y exportaciones no tradicionales.
  • Se buscaba que el nuevo nivel fuera suficientemente alto para evitar otra devaluación y modificar las expectativas.
  • El mercado cambiario se liberalizó, pero la cotización quedó fijada por la política económica.

Dos conceptos diferentes

Libertad para operar en cambios no implica flotación del tipo de cambio. Una paridad fija requiere intervención y divisas para sostenerla.

Gerchunoff y Llach (2007), p. 326; De Pablo (1975), pp. 63 y 68, nota 28.

[2.4] ¿Por qué una devaluación compensada?

  • Una devaluación sin compensaciones habría elevado los precios internos de los exportables y el costo de los bienes importados.
  • Las retenciones de 16 %, 20 % o 25 %, según el producto tradicional, absorbían parte del aumento del ingreso exportador en pesos.
  • La baja de aranceles amortiguaba el encarecimiento de las importaciones. Las compensaciones fueron parciales y diferentes según el producto.

El dólar no era el único precio relevante

El programa intentaba mejorar la posición cambiaria sin trasladar toda la devaluación a alimentos e insumos. Además, las retenciones aportaban recaudación fiscal.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 326–328; De Pablo (1975), pp. 63–65.

[2.5] El mecanismo, con números

Si el precio externo permanece constante, el ingreso unitario del exportador es proporcional a \(e(1-t_x)\); el costo del importado, a \(e(1+t_m)\).

Ejemplo didáctico Antes Después Variación
Dólar: \(e\) 250 350 +40 %
Exportable: retención de 0 % a 25 % 250 262,5 +5 %
Importado: arancel de 100 % a 50 % 500 525 +5 %
  • \(e\): pesos por dólar; \(t_x\): retención; \(t_m\): arancel. Se omiten otros costos e impuestos.
  • Las alícuotas y el punto inicial son ilustrativos: permiten aislar la compensación, no reconstruir cada operación de 1967.

Elaboración didáctica a partir de De Pablo (1975), p. 64 y nota 19. No son datos observados.

[2.6] Salarios y precios: compromisos desiguales

  • Se suspendieron las convenciones colectivas y el gobierno dispuso ajustes salariales. El aumento inicial debía cerrar la negociación por un período prolongado.
  • Las grandes empresas acordaron moderar sus precios a cambio de beneficios, entre ellos el acceso de sus compradores al crédito de consumo.
  • Los salarios quedaban bajo decisiones obligatorias del gobierno; el acuerdo empresarial tenía otra forma de aplicación y cumplimiento.

No era un pacto social entre iguales

La coordinación económica descansaba en un régimen que restringía la negociación sindical. Esa asimetría importaba para la distribución y para la legitimidad del programa.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 326–327; De Pablo (1975), pp. 66–69 y 74.

[2.7] Bajar el déficit y aumentar la inversión

  • Subieron tarifas y tributos; las retenciones incorporaron una fuente adicional de ingresos. La mejora fiscal no se basó simplemente en recortar todo el gasto.
  • La inversión pública real creció cerca de 55 % entre 1966 y 1970, según Gerchunoff y Llach: energía, transporte e integración territorial.
  • El Chocón, Atucha, Zárate–Brazo Largo y el túnel Santa Fe–Paraná recibieron impulso en esta etapa; sus inicios y terminaciones no coincidieron todos con el mandato del ministro.

Una precisión de De Pablo

Algunas cuentas de la época registraban colocaciones de deuda como ingresos. Menor desequilibrio de caja no equivale necesariamente a igual mejora del déficit económico.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 327–328; De Pablo (1975), pp. 64–65 y 69–70.

[2.8] Más dinero con menos inflación

  • Al disminuir la inflación esperada, conservar pesos resultaba menos costoso: podía aumentar la demanda de saldos reales.
  • La cantidad nominal de dinero creció 29,8 % en 1967 y 26,8 % en 1968. Hubo entrada de divisas y, en 1968, reducción de encajes bancarios.
  • Esa expansión acompañó la remonetización y el crédito. Una oferta monetaria rígida habría dificultado sostener simultáneamente la actividad y la paridad.

La condición importa

Emitir no impedía desinflar si crecía la demanda de pesos. Esa demanda podía revertirse si volvían las expectativas de inflación o devaluación.

Gerchunoff y Llach (2007), p. 327; De Pablo (1975), pp. 65–68, cuadro 4.

[2.9] Capitales: alivio externo y vulnerabilidad

  • La paridad prometida y las tasas internas atrajeron capitales de corto plazo y repatriación de fondos. Las reservas brutas pasaron de US$ 265,7 a 768,6 millones entre fines de 1966 y fines de 1967.
  • También ingresaron inversiones y se compraron empresas locales. Una adquisición cambia la propiedad; no implica por sí sola nueva capacidad instalada.
  • Con más divisas era posible financiar importaciones y sostener el crecimiento, pero la continuidad dependía en parte de la confianza en el programa.

De Pablo (1975), p. 68, nota 31; Gerchunoff y Llach (2007), p. 328.

Bloque 3. Resultados y distribución

[3.1] Desinflación con crecimiento

La inflación diciembre contra diciembre baja de 27,3 % en 1967 a 6,7 % en 1969, mientras el crecimiento del PBI aumenta de 3,6 % a 9,6 %.

Inflación: De Pablo (1975), cuadro 1, p. 60, costo de vida, diciembre/diciembre. PBI: Gerchunoff y Llach (2007), p. 327. Series de fuentes y revisiones distintas; no se empalman sus estimaciones de PBI.

[3.2] Qué logró el programa

  • El producto creció 3,6 % en 1967, 5,3 % en 1968 y 9,6 % en 1969, según Gerchunoff y Llach.
  • El costo de vida aumentó 9,6 % durante 1968 y 6,7 % durante 1969: la desinflación fue sustantiva, aunque no llegó a precios constantes.
  • La inversión pública, el crédito y el alivio externo ayudaron a sostener la demanda. La estabilización no necesitó una recesión inmediata para dar resultados.

Cuidado con las cifras anuales

El 7,6 % de 1969 que aparece en Gerchunoff y Llach compara promedios anuales; el 6,7 % compara diciembre con diciembre. Responden a preguntas distintas.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 323 y 327–328; De Pablo (1975), cuadro 1, p. 60.

[3.3] El crecimiento no empezó en marzo de 1967

  • Gerchunoff y Llach sitúan el episodio dentro de una expansión más larga, 1963–1973, favorecida por el contexto internacional.
  • La mecanización, las semillas mejoradas y la productividad agrícola ampliaron la capacidad de exportar. La inversión de los años de Frondizi había aumentado la capacidad industrial.
  • El plan actuó sobre esa economía: facilitó crédito, inversión y financiamiento externo, pero no creó desde cero sus recursos productivos.

Resultado observado no es efecto causal

Comparar antes y después describe la trayectoria. Para atribuir todo el crecimiento al plan habría que separar herencia productiva, contexto externo y nuevas políticas.

Gerchunoff y Llach (2007), cap. 7, pp. 305–321; De Pablo (1975), pp. 62–63 y 73.

[3.4] Quién recibió qué: precios relativos

Grupo o actividad Canal del programa Tensión distributiva
Asalariados Ajustes administrados; menor inflación Los precios podían erosionar los salarios entre ajustes
Agro exportador Devaluación menos retenciones Ganancia cambiaria limitada; luego pesaban los costos internos
Industria Crédito, demanda y menor costo arancelario Beneficios distintos según insumos, protección y deuda
Estado Retenciones, tarifas e impuestos Más recursos, pero también costos políticos
Acreedores y deudores Suba de tasas reales al desinflar Transferencia hacia acreedores si la tasa nominal no se ajustaba

Síntesis de Gerchunoff y Llach (2007), pp. 326–329, y De Pablo (1975), pp. 64–80. Son canales; el efecto neto varía entre sectores y períodos.

[3.5] Salario real no es participación salarial

  • El salario real mide cuánto compra un salario: \(w/P_c\), con \(P_c\) como índice de precios al consumidor.
  • La participación salarial mide qué proporción del ingreso recibe el trabajo. Depende del salario, el empleo y el valor agregado total.
  • Puede crecer el empleo y, aun así, caer esa participación si la masa salarial aumenta menos que el ingreso total.

Para no confundir resultados

Más producción, más puestos de trabajo, más poder de compra por trabajador y mayor proporción del ingreso para el trabajo son cuatro afirmaciones diferentes.

Distinción analítica para interpretar De Pablo (1975), cuadro 6, pp. 71–74.

[3.6] La distribución: importa el año de comparación

La participación salarial con aportes jubilatorios sube de 40,7 % en 1965 a 45,5 % en 1967 y baja a 43,1 % en 1969. Neta de esos aportes, pasa de 38 a 42 y luego a 40,9 %.

  • Desde el máximo de 1967, la participación retrocede; frente a 1965, el balance es distinto.

De Pablo (1975), cuadro 6, p. 71. Participación en el ingreso, con y sin aporte patronal jubilatorio; no es una medida de desigualdad entre hogares.

[3.7] La distribución condicionaba la continuidad

  • El congelamiento anunciado no eliminó toda modificación posterior de salarios. Hubo ajustes administrados y recuperación salarial durante 1969.
  • De Pablo registra aumentos nominales de 20,3 % y 21,5 % en 1969 para el peón industrial soltero y casado, respectivamente; esas categorías no representan todo el empleo.
  • La recuperación del salario real corregía pérdidas anteriores, pero reabría la discusión sobre costos, márgenes y precios.

El dilema del programa

Sostener el ancla salarial trasladaba costos a los trabajadores. Corregir esos costos exigía revisar la coordinación de precios e ingresos sobre la que descansaba la desinflación.

De Pablo (1975), cuadro 5, p. 66; pp. 74–75 y nota 38; Gerchunoff y Llach (2007), p. 329.

[3.8] Un dólar fijo no congela el tipo de cambio real

El tipo de cambio real puede expresarse como \(q=eP^*/P\): \(e\) es el dólar en pesos, \(P^*\) el nivel de precios externo y \(P\) el interno.

  • Con \(e\) fijo, si los precios internos suben más que los externos, \(q\) cae: el peso se aprecia en términos reales.
  • Bajar retenciones podía compensar parte de la pérdida de rentabilidad exportadora. Pero la compensación tenía un límite y reducía ingresos fiscales.
  • La inflación residual acumulada erosionaba el margen creado por la devaluación inicial, incluso cuando la inflación anual era mucho menor.

Formalización didáctica de Gerchunoff y Llach (2007), pp. 315 y 327–329; De Pablo (1975), p. 64.

Bloque 4. Los límites del programa

[4.1] El Cordobazo y la caída del ministro

  • En mayo de 1969, la movilización obrera y estudiantil en Córdoba quebró la imagen de orden del régimen.
  • El conflicto mostró que crecimiento agregado y mejora de algunos indicadores no resolvían las demandas laborales ni el rechazo al autoritarismo.
  • Krieger Vasena dejó el ministerio en junio de 1969. Lo sucedió José María Dagnino Pastore, que mantuvo elementos centrales del programa.

Dos cronologías

La gestión de Krieger Vasena terminó en 1969; la estrategia estabilizadora se prolongó hasta mediados de 1970. Tampoco el Cordobazo produjo la caída inmediata de Onganía.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 303–304 y 328–329; De Pablo (1975), pp. 61–63.

[4.2] ¿Se cayó por la política o por la economía?

Lectura Qué ayuda a entender Pregunta que deja abierta
Gerchunoff y Llach El buen desempeño macroeconómico no impidió el quiebre político y la pérdida de confianza ¿Qué ajustes habría necesitado el programa para continuar?
De Pablo Había fallas de diseño aun sin suponer un cambio político: carne, crédito y rigidez de precios ¿Cómo corregirlas sin desarmar las expectativas?

La pregunta contrafáctica

Si no hubiera ocurrido el Cordobazo, ¿el plan podía durar tal como estaba? De Pablo responde que la firmeza política no bastaba para resolver sus problemas económicos.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 328–329; De Pablo (1975), pp. 55–56 y 73–82. Los énfasis difieren; ninguno obliga a negar la otra dimensión.

[4.3] La carne: estabilidad presente, escasez futura

  • La hacienda es bien de capital y bien de consumo: faenar hoy aumenta la oferta de carne, pero reduce el stock que puede reproducirse mañana.
  • De Pablo vincula los bajos precios relativos de 1968–69 con la liquidación de existencias. Esa mayor oferta ayudaba a contener el costo de vida en el corto plazo.
  • Luego se redujo la faena y creció la demanda externa. El precio de la carne subió con fuerza desde 1970.

Un mecanismo intertemporal

La carne barata podía sostener la desinflación de hoy a costa de una menor oferta futura. En esa interpretación, parte del problema se gestó durante el éxito del plan.

De Pablo (1975), pp. 75–79; Gerchunoff y Llach (2007), p. 329.

[4.4] De un precio relativo a la inflación general

Eslabón Mecanismo
Menor oferta de carne y mayor demanda externa Sube el precio relativo de la carne
Canasta familiar más cara Cae el poder de compra del salario
Intento de recuperar ingresos Reclamos salariales y ajustes de otros precios
Propagación y validación monetaria El aumento sectorial puede convertirse en inflación persistente

No es una identidad automática

El aumento de un precio puede elevar el índice una vez. Para explicar inflación persistente hay que explicar la repetición y propagación de los ajustes.

De Pablo (1975), pp. 76–79. La distinción entre impacto inicial y propagación explicita el mecanismo discutido por el autor.

[4.5] El crédito podía abundar y encarecerse

  • Si la inflación baja mucho y la tasa nominal baja poco, aumenta el costo real del crédito: aproximadamente, \(r=i-\pi\) para el rendimiento realizado.
  • Un ejemplo: con tasa nominal de 20 %, pasar de inflación de 30 % a 10 % eleva la tasa real exacta de −7,7 % a +9,1 %: \((1+i)/(1+\pi)-1\).
  • De Pablo destaca la transferencia de deudores netos hacia acreedores netos y la presión sobre empresas acostumbradas a financiarse a tasas reales negativas.

La estabilización tampoco era neutral

Más liquidez y crédito podían coexistir con una carga financiera real mayor. Para las decisiones futuras importa la inflación esperada; para la carga efectivamente pagada, la realizada.

De Pablo (1975), pp. 66 y 79–80. Las tasas 20 %, 30 % y 10 % son un ejemplo didáctico, no observaciones históricas.

[4.6] La rigidez que ayudó a empezar

  • Fijar dólar, salarios y compromisos de precios ayudó a coordinar expectativas. Pero la economía seguía cambiando: productividad, oferta sectorial, demanda e ingresos relativos.
  • Ante un desajuste, un congelamiento rígido dejaba dos salidas problemáticas: reprimir el ajuste o revisar las promesas nominales.
  • Para De Pablo, estabilizar requería admitir ajustes relativos y gestionar la transición desde una economía acostumbrada a la inflación.

El problema de salida

El programa necesitaba una regla para cambiar precios relativos sin reiniciar la espiral. La promesa de que ciertos ajustes serían los últimos hacía esa adaptación más difícil.

De Pablo (1975), pp. 80–82; en 1969 comenzaron intentos limitados de flexibilizar el acuerdo, nota 54.

[4.7] De Onganía a la salida electoral

Período Gobierno y orientación Consecuencia
1969–mediados de 1970 Onganía / Dagnino Pastore Persisten las anclas, con tensiones salariales, cambiarias y en la carne
1970–1971 Levingston; Moyano Llerena y luego Ferrer Nueva devaluación; giro nacional desarrollista y apoyo a empresas locales
1971–1973 Lanusse Crece la prioridad de la salida política; se debilita la conducción económica
  • La sucesión militar no consolidó la estabilización. Aumentaron inflación y desequilibrios fiscales mientras se preparaba el retorno electoral.

Gerchunoff y Llach (2007), pp. 303–304 y 329–331.

[4.8] La desinflación se revirtió

Inflación diciembre contra diciembre: 29,9 % en 1966; 27,3 en 1967; 9,6 en 1968; 6,7 en 1969; 21,7 en 1970; 39,1 en 1971 y 64,1 en 1972.

  • El giro ascendente comenzó en 1970. El éxito inicial no se convirtió en un régimen duradero de baja inflación.

De Pablo (1975), cuadro 1, p. 60. Costo de vida, diciembre de cada año contra diciembre anterior; no promedios anuales.

[4.9] Qué deja la Revolución Argentina

  • La dictadura llegó a 1973 sin cumplir la secuencia prometida: el tiempo político se impuso por el desgaste del régimen, no por haber concluido el desarrollo.
  • Quedaban una economía que había crecido, inversión y capacidades productivas; también inflación creciente y conflictos sin resolver.
  • El retorno del peronismo abriría otra tentativa de coordinar salarios y precios, esta vez con un Pacto Social y una base política distinta.

Puente a la próxima clase

La pregunta cambia: ¿podría una concertación entre gobierno, sindicatos y empresarios sostener lo que la coordinación autoritaria no había podido preservar?

Gerchunoff y Llach (2007), cierre del cap. 7 y apertura del cap. 8; De Pablo (1975), pp. 55–56.

Cierre

Ideas fuerza

  1. Onganía intentó posponer la política y la distribución hasta completar el desarrollo; los conflictos ocurrieron durante el proceso.
  2. Krieger Vasena combinó devaluación compensada, ancla cambiaria y política de ingresos con crédito e inversión pública.
  3. La desinflación con crecimiento fue real; no permite atribuir toda la expansión de la década al plan.
  4. Salarios, participación salarial, rentabilidad exportadora y costo del crédito cambiaron de manera diferente. La estabilización tuvo efectos distributivos.
  5. El Cordobazo quebró el proyecto político. De Pablo identifica además fallas económicas: ciclo ganadero, tasas reales y rigidez de precios.

Preguntas para llevarse

  • ¿Por qué una devaluación de alrededor del 40 % no aumentó en igual proporción todos los precios internos de bienes transables?
  • ¿Cómo puede aumentar la cantidad de dinero mientras baja la inflación? ¿Qué condiciones hacen posible ese resultado?
  • ¿Qué diferencia hay entre recuperar salario real y recuperar participación en el ingreso?
  • ¿Por qué el precio de la carne y la tasa real de interés son centrales en la crítica de De Pablo?
  • Sin Cordobazo, ¿qué cambios económicos habría necesitado el plan para continuar? Distinguir lo documentado del contrafáctico.

Bibliografía de la clase

Lecturas principales

  • Gerchunoff, P. y Llach, L. (2007). El ciclo de la ilusión y el desencanto. Un siglo de políticas económicas argentinas, cap. 7, «Una primavera económica (1963–1973)». Especialmente pp. 301–304 y 325–331.
  • De Pablo, J. C. (1975). «Precios relativos, distribución del ingreso y planes de estabilización: la experiencia de la Argentina durante 1967–70». Desarrollo Económico, 15 (57), 55–83. Especialmente secciones 2–4.

Ambos textos se encuentran en la compilación local «HEA-parte 2-Cap 5.pdf». La paginación citada corresponde a los textos reproducidos. El «1967–76» del programa es una errata: el artículo estudia 1967–70.